martes, 19 de octubre de 2010

Rover

Un día un viejito y su perro, Rover, daban un paseo a la biblioteca. Como era su rutina cotidiana, Rover conocía el camino de memoria. Este día Rover estaba tan apurado de llegar a la biblioteca que casi tiraba al suelo al viejito con la cadena.

¨ ¡Apúrate viejo!¨, pensó Rover. ¨Ya faltan diez para las cinco y la biblioteca va a cerrar¨, pensó. Pero el viejito, muy tranquilo en su vejez, andaba con calma.

Cuando llegaron a la biblioteca, el guardia los paró inmediatamente.

¨ ¡No puedes entrar con este animal mugriento Señor! Déjalo aquí.¨, dijo el guardia.

¨ ¿Por qué no finges ser ciego, viejo?¨, le ladraba Rover al viejito. ¨Puedo ser tu perro lazarillo por el momento para que yo pueda entrar contigo¨.

Ignorando tales tonterías, el viejito obediente ató a su mascota preciosa en la entrada. ¡El pobrecito! Como todos los perros, a Rover no le gustaba estar abandonado.

¨Pinche guardia de la biblioteca, ¿por qué no me permitiste entrar?¨, pensó Rover. ¨ ¿Quién eres tú para detenerme afuera como un perro, cabrón? ¡Dios mío, probablemente ni siquiera sabes leer!¨

Afortunadamente, el viejo regresó pronto con el libro solicitado y recogió a Rover. Se dirigían al parque donde se sentaron en su banco de siempre. Como todos los viejitos, el viejito se puso a dormir y Rover finalmente podía leer su libro favorito – Un árbol crece en Brooklyn.

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